La custodia inteligente

EL PLANTEAMIENTO DE LA CUESTIÓN ECOLÓGICA

Al comenzar su pontificado, Juan Pablo II se pregunta, en su carta encíclica Redemptor hominis (1979): ”¿Por qué este mundo creado para el hombre, a pesar del inmenso progreso, jamás conocido, y de los grandes logros tecnológicos, es al mismo tiempo un mundo que ‘gime y sufre’ y está esperando la manifestación de los Hijos de Dios?” Él mismo responde y constata

El hombre actual parece estar siempre amenazado por lo que produce, es decir, por el resultado del trabajo de sus manos y más aún por el trabajo de su entendimiento y las tendencias de su voluntad. Los frutos de la múltiple actividad humana se traducen muy pronto y de manera a veces imprevisible en objeto de ”alienación”… En esto parece consistir el capítulo principal del drama de la existencia humana contemporánea en su dimensión más amplia y universal. (RH, No. 8

Entonces surge otro interrogante: ¿Por qué razón este poder, dado al hombre desde el principio –poder por medio del cual debía dominar la tierra- se dirige contra sí mismo? El hombre parece, a veces, no percibir otros significados de su ambiente natural, sino sólo los que sirven a los fines de un inmediato uso y consumo de las cosas. En cambio, era voluntad del Creador que el hombre se pusiera en contacto con la naturaleza como “dueño” y “custodio” inteligente y noble, y no como “explotador” y “destructor” sin ningún reparo”. (RH. No. 15)

Juan Pablo II y la cuestión ecológica

La sutil voz de Dios

“Generaciones de carmelitas nos han enseñado con el ejemplo a vivir más “dentro” que “fuera” de nosotros mismos, y a ir hacia “el más profundo centro” como dice San Juan de la Cruz (Llama de amor viva B, 1,11-12), porque Dios vive allí, y allí nos invita a buscarlo. El verdadero profeta en la Iglesia es el y la que viene del “desierto”, como Elías, rico de Espíritu Santo, y con la autoridad que tienen los que han escuchado en silencio la sutil voz de Dios” (cf. 1 R 19, 12).

“Del silencio y de la oración nacerán comunidades renovadas y ministerios auténticos (cf. Const. 62). Como buenos artesanos de la fraternidad, confiad en el Señor superando la inercia de la inmovilidad y evitando la tentación de reducir la comunidad religiosa a “grupos de trabajo” que acabarían diluyendo los elementos fundamentales. La belleza de la vida comunitaria es en sí misma un punto de referencia que genera serenidad, atrae al pueblo de Dios y contagia la alegría de Cristo resucitado. El verdadero carmelita transmite la alegría de ver en el otro a un hermano al que sostener y amar y con quien compartir la vida”.

De “Audiencia a los participantes en el capítulo…”

Jesús, confío en Ti

¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida? Déjame el cuidado de todas tus cosas y todo te irá mejor. Cuando te entregues a mí, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios.

No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos, cierra los ojos del alma y dime con calma: Jesús confío en Ti. Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder.

No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad. Entrégate confiadamente en mí, reposa en mí, y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente: Jesús confío en Ti.

Lo que más te daña querer resolver las cosas a tu manera. Cuando me dices Jesús confío en Ti, No seas como el paciente que le dice al médico que lo cure, pero le dice el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos, no tengas miedo, yo te amo.

Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración, Sigue confiando, cierra los ojos del alma y confía. Continúa diciéndome a todas horas: Jesús confío en Ti. Necesito las manos libres para poder obrar, no me ates con tus preocupaciones inútiles.

Satanás quiere agitarte, angustiarte, quitarte la paz. Confía en mí. Reposa en Mí. Entrégate a Mí. Yo hago los milagros en la proporción de la entrega y de la confianza que tienes en Mí. Así que no te preocupes, echa en mí todas tus angustias y duerme tranquilo. Dime siempre: Jesús confío en Ti, y verás grandes milagros. Te lo prometo por mi amor.

Extraído de Santa Teresa de Jesús

Estarse con Dios

Llega a tanto la ternura y verdad de amor con que el inmenso Padre regala y engrandece a esta humilde y amorosa alma, -¡oh cosa maravillosa y digna de todo pavor y admiración!-, que se sujeta a ella verdaderamente para la engrandecer, como si él fuese su siervo y ella fuese su señor. (CB 27,1)

Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios, dejado aparte el buen ejemplo que de sí darían, si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración. (CB 29,3)

Extraído de Pensamientos de San Juan de la Cruz

Autores de la cultura

“Cada día es mayor el número de los hombres y mujeres, de todo grupo o nación, que tienen conciencia de que son ellos los autores y promotores de la cultura de su comunidad. En todo el mundo crece más y más el sentido de la autonomía y al mismo tiempo de la responsabilidad, lo cual tiene enorme importancia para la madurez espiritual y moral del género humano. Esto se ve más claro si fijamos la mirada en la unificación del mundo y en la tarea que se nos impone de edificar un mundo mejor en la verdad y en la justicia. De esta manera somos testigos de que está naciendo un nuevo humanismo, en el que el hombre queda definido principalmente por la responsabilidad hacia sus hermanos y ante la historia”.

Gaudium et spes – Párrafo 55

Las grandezas de Dios

San Juan de la Cruz enseñaba que todo lo bueno que hay en las cosas y experiencias del mundo “está en Dios eminentemente en infinita manera, o, por mejor decir, cada una de estas grandezas que se dicen es Dios”. No es porque las cosas limitadas del mundo sean realmente divinas, sino porque el místico experimenta la íntima conexión que hay entre Dios y todos los seres, y así, “siente ser todas las cosas Dios”.

Si le admira la grandeza de una montaña, no puede separar eso de Dios, y percibe que esa admiración interior que él vive debe depositarse en el Señor: “Las montañas tienen alturas, son abundantes, anchas, y hermosas, o graciosas, floridas y olorosas. Estas montañas es mi Amado para mí. Los valles solitarios son quietos, amenos, frescos, umbrosos, de dulces aguas llenos, y en la variedad de sus arboledas y en el suave canto de aves hacen gran recreación y deleite al sentido, dan refrigerio y descanso en su soledad y silencio. Estos valles es mi Amado para mí”.

Francisco en la “Laudato Si”. Párrafo 234

Regenerar la propia fe

“Reconozco que necesitamos crear espacios motivadores y sanadores para los agentes pastorales, lugares donde regenerar la propia fe en Jesús crucificado y resucitado, donde compartir las propias preguntas más profundas y las preocupaciones cotidianas, donde discernir en profundidad con criterios evangélicos sobre la propia existencia y experiencia, con la finalidad de orientar al bien y a la belleza las propias elecciones individuales y sociales”

Francisco en la Evangelii Gaudium. Párrafo 77

La mejor parte

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: “Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude”. El Señor le respondió: “Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará”. (Evangelio según Lucas 10, 38-42)

“En su obrar hacendoso y de trabajo, Marta corre el riesgo de olvidar —y este es el problema— lo más importante, es decir, la presencia del huésped. Y al huésped no se le sirve, nutre y atiende de cualquier manera. Es necesario, sobre todo, que se le escuche. Recuerden bien esta palabra: escuchar. Porque al huésped se le acoge como persona, con su historia, su corazón rico de sentimientos y pensamientos, de modo que pueda sentirse verdaderamente en familia. Pero si tú acoges a un huésped en tu casa y continúas haciendo cosas, le haces sentarse ahí, mudo él y mudo tú, es como si fuera de piedra: el huésped de piedra. No. Al huésped se le escucha”. (Papa Francisco, Ángelus del 17 de julio de 2016)

la verdad de la vida

48. La vida lleva escrita en sí misma de un modo indeleble su verdad. El hombre, acogiendo el don de Dios, debe comprometerse a mantener la vida en esta verdad, que le es esencial. Distanciarse de ella equivale a condenarse a sí mismo a la falta de sentido y a la infelicidad, con la consecuencia de poder ser también una amenaza para la existencia de los demás, una vez rotas las barreras que garantizan el respeto y la defensa de la vida en cada situación.

La verdad de la vida es revelada por el mandamiento de Dios. La palabra del Señor indica concretamente qué dirección debe seguir la vida para poder respetar su propia verdad y salvaguardar su propia dignidad. No sólo el específico mandamiento « no matarás » (Ex 20, 13; Dt 5, 17) asegura la protección de la vida, sino que toda la Ley del Señor está al servicio de esta protección, porque revela aquella verdad en la que la vida encuentra su pleno significado.

Extraído de la Encíclica “Evangelium Vitae”

Custodiar el jardín del mundo

“El hombre, llamado a cultivar y custodiar el jardín del mundo (Gn 2, 15), tiene una responsabilidad específica sobre el ambiente de vida, o sea, sobre la creación que Dios puso al servicio de su dignidad personal, de su vida: respecto no sólo al presente, sino también a las generaciones futuras. Es la cuestión ecológica —desde la preservación del « hábitat » natural de las diversas especies animales y formas de vida, hasta la « ecología humana » propiamente dicha— que encuentra en la Biblia una luminosa y fuerte indicación ética para una solución respetuosa del gran bien de la vida, de toda vida”.

“En realidad, « el dominio confiado al hombre por el Creador no es un poder absoluto, ni se puede hablar de libertad de “usar y abusar”, o de disponer de las cosas como mejor parezca. La limitación impuesta por el mismo Creador desde el principio, y expresada simbólicamente con la prohibición de “comer del fruto del árbol” (Gn 2, 16-17), muestra claramente que, ante la naturaleza visible, estamos sometidos a las leyes no sólo biológicas sino también morales, cuya transgresión no queda impune »”.

Extraído de la Encíclica “Evangelium Vitae”

la unión con Dios

Juan Soreth, general de la orden a mediados del siglo XV, e impulsor de la reforma de la Orden… defiende que en la regla mitigada… no se mitigó el punto central de la misma, la búsqueda de la unión con Dios como el fin fundamental de la Orden del Carmen y presenta la purificación del corazón, alcanzada por la oración ininterrumpida; que exige recogimiento, soledad, silencio y mortificación de los sentidos, como el medio a través del cual alcanzar dicho fin.

… la celda, lugar que expresa la intimidad de la persona, lugar donde el religioso permanece constantemente meditando la palabra de Dios y llevando a cabo el trabajo personal, ha de ser individual… para los primitivos de Duruelo los valores propios de la regla carmelitana: retiro, soledad, oración, vida de penitencia, trabajo manual, no estaban reñidos con la actividad apostólica, como reconoce Santa Teresa al contarnos la fundación de Duruelo…

Extraído de las pgs. 90 y 93 de “El desierto en el Carmelo descalzo”

El desierto carmelitano

Estos espacios o lugares apartados se terminan convirtiendo en espacios de calidad de vida en cuanto que sus moradores disponen de esos bienes, más apreciados hoy que en el pasado, debido a su escasez, que llamamos bienes inmateriales y que no tienen precio, como son el aire sano, el agua pura, la soledad o el silencio, la belleza natural, los cuales son vistos como indispensables para el equilibrio y la felicidad de las personas y las sociedades.

En tercer lugar el desierto carmelitano nos remite al tiempo de aquellos padres nuestros que en tan gran soledad y con tanto desprecio del mundo buscaban ese tesoro, esa preciosa margarita de que hablamos, el tiempo de los orígenes, hacia los cuales se mira, sobre todo en tiempos de crisis y renovación, buscando la esencia de la vida carmelitana, el ideal contemplativo.

Extraído de “El desierto en el carmelo descalzo”

La manifestación del Espíritu

“… Además, el mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1 Co 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia…”

«A cada uno… se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad» (1 Co 12,7). Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más comunes y difundidos, deben ser recibidos con gratitud y consuelo, porque son muy adecuados y útiles a las necesidades de la Iglesia. Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente ni hay que esperar de ellos con presunción los frutos del trabajo apostólico. Y, además, el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno (1 Ts 5,12 y 19-21).

Extraído de “Lumen Gentium”, párrafo 12 del capítulo 2

lazos invisibles

Las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin dueño: « Son tuyas, Señor, que amas la vida » (Sb 11,26). Esto provoca la convicción de que, siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde.

Quiero recordar que «Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación».

Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra.

Del capítulo segundo de la Encíclica “Laudato Sí” del Papa Francisco

El gemido de la tierra

“Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud…”

“Luego de la creación del ser humano, se dice que «Dios vio todo lo que había hecho y era muy bueno» (Gn 1,31). La Biblia enseña que cada ser humano es creado por amor, hecho a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26). Esta afirmación nos muestra la inmensa dignidad de cada persona humana, que «no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas»…”

“San Juan Pablo II recordó que el amor especialísimo que el Creador tiene por cada ser humano le confiere una dignidad infinita. Quienes se empeñan en la defensa de la dignidad de las personas pueden encontrar en la fe cristiana los argumentos más profundos para ese compromiso…”

Extraído de párrafos 53 y 65 de la Encíclica “Laudato Sí” del Santo Padre Francisco

Amado por su alegría

“No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad…”

“Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal…”

“Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior…”

Extraído de la Encíclica “Laudato Sí” del Papa Francisco

Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno

El Concilio Vaticano II recuerda cómo el trabajo humano contribuye a mejorar la sociedad y la misma creación (Lumen Gentium 41).  Afirma, además, que según la Biblia, Dios mismo encontró muy bueno todo lo que había creado. (Gaudium et Spes 12)  Creando y conservando el universo por su Palabra, Dios ofrece a los hombres en la creación un testimonio perenne de sí mismo. (cf. Rom 1, 19-20)

En la constitución Lumen Gentium 48 se intenta superar la dualidad, el conflicto aparente, entre la esperanza terrena y la esperanza trascendente.  El Concilio nos recuerda que el destino del ser humano está vinculado al de toda la creación: La Iglesia, a la que todos estamos llamados en Cristo Jesús y en la cual conseguimos la santidad por la gracia de Dios, no alcanzará su consumada plenitud sino en la gloria celeste, cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas (cf. Hch 3, 21) y cuando, junto con el género humano, también la creación entera, que está íntimamente unida con el hombre y por él alcanza su fin, será perfectamente renovada en Cristo. (cf. Ef 1, 10; Col 1,20; 2 P 3, 10-13)

Aquí “Documentos Papales”

Cuidar la Creación

Tener una actitud de respeto al medio ambiente implica en cierto modo simplificar nuestra vida. Alejarla del consumo excesivo, del desenfreno en el uso de los recursos, de cierta avidez que la cultura nos impone para “estar a tono” con los tiempos. Reconocer en la naturaleza la creación sublime de Dios es suficiente para incorporar en nosotros una actitud de reverencia hacia lo sagrado que se manifiesta en todo lo que existe.

En los próximos días iremos agregando textos de los últimos Santos Padres, en donde se trata el tema de la ecología cristiana y del imperativo que tenemos como seguidores de Cristo hacia el cuidado de nuestra casa común. Aquí les dejamos el enlace a las palabras del Papa Francisco con motivo del Jubileo de la Tierra que se celebra hasta el próximo 4 de Octubre.

Jubileo de la Tierra

Red de vida

El Papa busca la raíz de esta respuesta, por eso dice: En la raíz, hemos olvidado quiénes somos: criaturas a imagen de Dios (cf. Gn 1,27), llamadas a vivir como hermanos y hermanas en la misma casa común. No fuimos creados para ser individuos que mangonean; fuimos pensados y deseados en el centro de una red de vida compuesta por millones de especies unidas amorosamente por nuestro Creador. Es la hora de redescubrir nuestra vocación como hijos de Dios, hermanos entre nosotros, custodios de la creación.

Este es el tiempo para reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre cómo nuestra elección diaria en términos de alimentos, consumo, desplazamientos, uso del agua, de la energía y de tantos bienes materiales a menudo son imprudentes y perjudiciales. Nos estamos apoderando demasiado de la creación. ¡Elijamos cambiar, adoptar estilos de vida más sencillos y respetuosos! 

Francisco: el 1 de septiembre inicia el “Jubileo de la Tierra” – Vatican News

Todo es para el bien…

Penas y alegrías, consuelos y pruebas, todo procede de ese Corazón bendito; todo es concedido para tu mayor bienestar, para tu santificación, para aumentar en este mundo y en el otro tu conformidad con Él, tu unión a Él… «Todo es para el bien de los que aman a Dios…» Piérdete enteramente en el Corazón de Jesús: es nuestro refugio, nuestro asilo, la casa del pájaro, el nido de la tórtola, la barca de Pedro para atravesar el mar en tempestad: ahora Él es dichoso, no conoce el sufrimiento.

Cuando sufras piensa en su dicha, dite que su felicidad es la que quieres y no la tuya, a Él a quien amas y no a ti; y en el seno de tus aflicciones, de tus tristezas, inquietudes, dudas y pruebas, regocíjate de su felicidad infinita e inmutable y de su inmensa paz…; el pensamiento de la dicha y de la paz, de la que Él goza, en «la bienaventurada y tranquila Trinidad», te llene en este mundo de dicha y paz, esperando que su misión sea tu felicidad y tu paz eterna, ¡Aleluya, aleluya! Nuestro Bienamado es bienaventurado; ¿qué nos falta? ¡Aleluya, aleluya!

Charles de Foucauld – Carta a su hermana – 1° de Abril de 1903

Breve biografía

Lágrimas de gozo

“Aunque vuestros pecados fuesen como la grana, quedarían blancos como la nieve. Aunque fuesen rojos como la púrpura vendrían a ser como la lana blanca” (Isaías 1 ,18). Ha echado “tras de sí” todos nuestros pecados, y no recobrarán vida en su memoria (Isaías 38,17). Aplícate estas confesiones divinas: “¿No es Efraín mi hijo predilecto, mi niño mimado? Porque cuántas veces trato de amenazarle, me enternece su memoria, se conmueven mis entrañas” (Jeremías 31,20).

La compunción deja de ser auténtica sin esa confiada y tranquilizadora certeza. Desconfiar del perdón es injuriar .al corazón paternal de Dios. Si el Ermitaño llora al recordar sus extravíos, que sean lágrimas de gozo. Dios es más admirable cuando restaura que cuando crea. En la vida espiritual nada será definitivo, pero tampoco hay nada irreparable.. El P. de Foucauld escribía a L. Massignon: “No, las faltas pasadas no me espantan… Los hombres no perdonan porque no pueden devolver la inocencia perdida; Dios perdona porque borra hasta las manchas y devuelve en plenitud la hermosura primera.”

Extraído de “El Eremitorio”

O ignis spiritus Paracliti

Oh! fuego, Espíritu Paráclito,
vida de la vida de toda criatura.
Santo eres, Tú que das vida a lo inerte.

Santo eres Tú, que unges a los heridos de muerte,
santo eres Tú, que purificas las llagas supurantes.

Oh! espejo de santidad, o fuego de amor,
o dulce sabor en las almas;
Tú que infundes a los corazones
la fragancia de las virtudes.

Oh! fuente purísima, que nos revela
cómo Dios congrega a los errantes
y busca a los extraviados.

Oh! potente camino que lo atraviesa todo:
en las alturas, en la tierra y en cada abismo.
Tú creas y unificas todo.

De ti emergen las nubes y se alzan los cielos,
las rocas destilan humedad,
los manantiales desbordan en torrentes,
la tierra hace germinar su verdor.

A todo tiempo Tú suscitas hombres doctos,
deleitados por las inspiraciones de Tú sabiduría.

Y por ello, gloria a Tí, que eres el son de toda alabanza,
Tú, la alegría de la vida; esperanza e inmenso honor nuestro,
Tú, que otorgas los dones de la luz.

Santa Hildegarda von Bingen.

Un hombre sin doblez

Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret”. Natanael le preguntó: “¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?”. “Ven y verás”, le dijo Felipe. Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: “Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”. “¿De dónde me conoces?”, le preguntó Natanael. Jesús le respondió: “Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”.Natanael le respondió: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”.


Jesús continuó: “Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía”. Y agregó: “Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.” Evangelio según San Juan 1,45-51

Espiritualidad ecológica

Por otra parte, san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad: «A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor» (Sb 13,5), y «su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de sus obras desde la creación del mundo» (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza. El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza.

Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva. Como dijeron los Obispos de Sudáfrica, «se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios».

Extraído de “Laudato Si” del Papa Francisco

Renunciar a sí mismo

Jesús dijo a sus discípulos:
“El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”. Después dijo a todos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

San Lucas 9, 22-25

“Es mejor llevar una pequeña cruz de paja que me han puesto sobre las espaldas, sin que yo la haya elegido, que ir a cortar en el bosque con mucho trabajo una más grande, llevándola luego con gran pena. Seré más agradable a Dios con la cruz de paja, que con la que yo me haya fabricado con sudor y penas. Aunque .esta cruz la porte con más satisfacción debido al amor propio, al que gustan tanto sus invenciones y poco le agrada dejarse simplemente conducir y gobernar”.

Comentario al evangelio de hoy por San Francisco de Sales en “Conversaciones”

Oración, renuncia y silencio

Oración continua

8. Permanezca cada uno en su celda, o en las proximidades, meditando día y noche la ley del Señor (cfr 1P 4,7), a no ser que se halle justificadamente ocupado en otros quehaceres.

Renuncia a la propiedad y comunidad de bienes

10. Ningún hermano considerará nada como suyo propio. Tenedlo todo en común (cf Hch 4,32; 2,44). El prior, por medio del hermano que haya designado para ese oficio, distribuirá a cada uno cuanto le haga falta (cf Hch 4,35), atendiendo a la edad y a las necesidades personales.

Práctica del silencio

8. Valora el Apóstol el silencio, por el hecho de imponerlo en el trabajo (cf 2Ts 3,12). Y como afirma el Profeta: Obra de la justicia es el silencio (cf Is 32,17). Y en otro lugar: “Vuestra fuerza estriba en callar y confiar” (Is 30,15). Por tanto, ordenamos que guardéis silencio desde la terminación de completas hasta después del rezo de prima del día siguiente. Fuera de este tiempo, aunque la práctica del silencio no sea tan estricta, evitad cuidadosamente la charlatanería; pues, como enseña la Escritura y lo abona la experiencia: “En el mucho hablar no faltará pecado” (Pr 10,199. Y: “Quien suelta los labios, marcha a la ruina” (Pr 13,3). Y también: “El locuaz se hace odioso” (Si 20,8). El Señor, a su vez, advierte en el Evangelio: “De toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del juicio” (Mt 12,36). 

De la regla primitiva del Carmelo, dada por San Alberto, Patriarca de Jerusalén y confirmada por Inocencio IV

Tú nos darás la paz

“Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua.

La senda del justo es recta.Tú allanas el sendero del justo; en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo. Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden justicia los habitantes del orbe.

Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú”.

Isaías 26,1-4.7-9.12

De las Laudes de hoy 11 de agosto

Secretos entre Dios y el alma

“.… considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas…y en el centro y mitad de todas éstas tiene la más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el alma… la puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración, no digo más mental que vocal; que como sea oración, ha de ser con consideración; porque no advierte con quién habla y lo que pide y quien es quien pide y a quien, no la llamo yo oración, aunque mucho menee los labios…”

 … poco me aprovecha estarme muy recogida a solas haciendo actos con nuestro Señor, prometiendo y proponiendo de hacer maravillas por su servicio, si en saliendo de allí, que se ofrece la ocasión, lo hago todo al revés.”

… ¿Sabéis qué es ser espirituales de veras?: hacerse esclavos de Dios, a quien, señalados con su hierro que es el de la  †, porque ya ellos le han dado su libertad, los pueda vender por esclavos de todo el mundo… así es que, hermanas, para que lleve buenos cimientos, procurad ser la menor de todas y esclava suya…”.

Las Moradas o Castillo Interior – (Santa Teresa de Jesús)

¡Ya es de día..!

“En aquel tiempo, dice el Señor, yo seré el Dios de todas las tribus de Israel y ellos serán mi pueblo. El pueblo de Israel, que se libró de la espada, halló misericordia en el desierto y camina hacia el descanso; el Señor se le apareció de lejos’’.

Esto dice el Señor: “Yo te amo con amor eterno, por eso siempre me apiado de ti. Volveré, pues, a construirte y serás reconstruida, capital de Israel. Volverás a tocar tus panderos y saldrás a bailar entre músicos y coros; volverás a plantar viñas en los montes de Samaria y los que las planten, las disfrutarán.

En la montaña de Efraín gritarán los centinelas: ‘¡Ya es de día! ¡Levántense y vayamos a Sión, hacia el Señor, nuestro Dios!’ ” Esto dice el Señor: “Griten de alegría por Jacob, regocíjense por el mejor de los pueblos; proclamen, alaben y digan: ‘El Señor ha salvado a su pueblo, al grupo de los sobrevivientes de Israel’ ”.

Jeremías 31, 1-7

Hijos y herederos

De igual manera, también nosotros, cuando éramos menores de edad, vivíamos como esclavos bajo los elementos del mundo. Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva. La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios.

Gálatas 4:3-7

el sosiego del alma

… para guardar lo primero, que es resignación, le conviene que de tal manera viva en el monasterio como si otra persona en él no viviese. Y así, jamás se entrometa, ni de palabra ni de pensamiento, en las cosas que pasan en la comunidad ni de las particulares, no queriendo notar ni sus bienes, ni sus males, ni sus condiciones; y, aunque se hunda el mundo, ni querer advertir ni entrometerse en ello, por guardar el sosiego de su alma; acordándose de la mujer de Lot, que, porque volvió la cabeza a mirar los clamores y ruido de los que perecían, se volvió en dura piedra (Gn. 19, 26)…”

…esto ha menester guardar con gran fuerza, porque con ello se librará de muchos pecados e imperfecciones y guardará el sosiego y quietud de su alma, con mucho aprovechamiento delante de Dios y de los hombres. Y esto se mire mucho, que importa tanto, que por no lo guardar muchos religiosos, no sólo nunca les lucieron las otras obras de virtud y de religión que hicieron, más fueron siempre hacia atrás de mal en peor. Para obrar lo segundo y aprovecharse en ello, que es mortificación, le conviene muy de veras poner en su corazón esta verdad, y es que no ha venido a otra cosa al convento sino para que le labren y ejerciten en la virtud, y que es como la piedra, que la han de pulir y labrar antes que la asienten en el edificio…”

“Y así, ha de entender que todos los que están en el convento no son más que oficiales que tiene Dios allí puestos para que solamente le labren y pulan en mortificación, y que unos le han de labrar con la palabra, diciéndole lo que no quisiera oír; otros con la obra, haciendo contra él lo que no quisiera sufrir; otros con la condición, siéndole molestos y pesados en sí y en su manera de proceder; otros con los pensamientos, sintiendo en ellos o pensando en ellos que no le estiman ni aman…”

“Y todas estas mortificaciones y molestias debe sufrir con paciencia interior, callando por amor de Dios, entendiendo que no vino a la Religión para otra cosa sino para que lo labrasen así y fuese digno del cielo. Que, si para esto no fuera, no había para qué venir a la Religión, sino estarse en el mundo buscando su consuelo, honra y crédito y sus anchuras…”

“Avisos a un religioso para alcanzar la perfección” de San Juan de la Cruz

Los prados del corazón

“La gracia graba en el corazón de los hijos de la luz las leyes del Espíritu. Ellos no deben poner su seguridad solamente en las Escrituras de tinta, pues la gracia de Dios inscribe las leyes del Espíritu y los misterios celestes también sobre las tablas del corazón, y el corazón es quien manda y rige todo el cuerpo”.

“La gracia, una vez que se ha apoderado de los prados del corazón, reina sobre todos los miembros y todos los pensamientos, pues allí residen todos los pensamientos del alma, su espíritu y su esperanza y, a través de él, la gracia pasa a todos los miembros del cuerpo…”

“Tal como los mercaderes recogen sus ganancias materiales en todas las fuentes de la tierra, así los cristianos, por el conjunto de las virtudes y el poder del Espíritu santo, reúnen los pensamientos de su corazón dispersos por toda la tierra. Este es el más bello y verdadero de los negocios.., pues la potencia del Espíritu divino tiene el poder de concentrar el corazón, disperso por toda la tierra, en el amor del Señor y así transportar el pensamiento al mundo de la eternidad”.

“Homilías espirituales” – Pseudo Macario, El Grande – Filocalía

Tú lo sabes, Señor

La mano del Señor se posó sobre mí, y el Señor me sacó afuera por medio de su espíritu y me puso en el valle, que estaba lleno de huesos. Luego me hizo pasar a través de ellos en todas las direcciones, y vi que los huesos tendidos en el valle eran muy numerosos y estaban resecos.

El Señor me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?». Yo respondí: «Tú lo sabes, Señor». El me dijo: «Profetiza sobre estos huesos, diciéndoles: Huesos secos, escuchen la palabra del Señor. Así habla el Señor a estos huesos: Yo voy a hacer que un espíritu penetre en ustedes, y vivirán.

Ezequiel, 37, 1-5

Silencio de Dios

Dice Santa Teresita que durante años, ¡años!, sufrió el desierto espiritual. El mismo inició poco después de que anunciara su entrada al Carmelo, luego justo antes de entrar al noviciado y -el más fuerte de todos-, durante los meses previos a su muerte. No obstante, Santa Teresita utilizó este ‘silencio de Dios’ como una ofrenda de sufrimiento por la salvación de las almas. Lo vio como una herramienta que le daba Dios para su santidad…

Pero enfrentar los desiertos no es fácil, sobretodo cuando nuestra fe no es, ni por cerca, madura como la de Santa Teresita. Entonces, ¿qué podemos aprender de ella para ‘darle la vuelta’ al desierto espiritual? Una forma es adoptando su ‘pequeño camino de fe’, el cual consiste en ver y aceptar nuestra pequeñez; vernos como niños ante Dios y saber que Él nos ama tal y como somos…

Y es que cuando se entra al desierto, cuando no sentimos el calor de Dios ni su cercanía, es cuando más tenemos que simplificar nuestra vida de fe: hacernos pequeñitos como niños y ‘descansar’ totalmente en el regazo de Dios y su Madre. Sin complicarnos, sin buscar los por qué de nuestra aspereza, sin excavar el pasado con sus pecados y sus historias tristes.

Continúa leyendo en: “Enfrentando el desierto”

El Silencio de María

16 de Julio – Festividad de Nuestra Señora del Monte Carmelo

“Lo que más nos admira en Jesús y en su Madre es su humildad silenciosa. ¿Cuántos se enteraron de aquella vecina de Nazaret que acarreaba agua o leña, que nunca se metía en los asuntos de las vecinas pero que las ayudaba en sus necesidades, cuántos supieron, repito, que aquella vecina era llena de gracia, privilegiada del Señor y excelsa por encima de todas las mujeres de la tierra?

¿Qué pensaban de ella sus parientes de Caná o sus propios familiares más próximos? Todo el misterio de María estuvo enterrado entre los pliegues del silencio, durante la mayor parte de su vida. Muchos de sus privilegios -Inmaculada, Asunción…- estuvieron en silencio, inclusive en la Iglesia, durante muchos siglos. Volvemos a la misma conclusión: lo definitivo está en el silencio.

Cuando digo silencio aplicado al caso de María, quisiera evocar un complejo prisma de resonancias. Al decir “silencio”, en el caso de María, estoy pensando en su disponibilidad y receptividad. Cuando digo “silencio” de María, quisiera significar expresiones como profundidad, plenitud, fecundidad. Quisiera evocar también conceptos como fortaleza, dominio de si, madurez humana. Y, de manera muy especial, los vocablos fidelidad y humildad los consideraría casi como sinónimos de silencio”.

(Tomado del capítulo: Fidelidad en el silencio. Del libro “El silencio de María”. Autor: Ignacio Larrañaga)

Entregar los temores

Despojarse de deseos es ir al desierto. Entregar los temores en brazos de Dios para que Él disponga, es ir al desierto. Perdonar las ofensas, ayudar donde se pueda, vivir en el contento, es ir al desierto. Cumplir lo que el deber indica, aceptar lo que no se puede cambiar, permanecer quieto cuanto se pueda, es ir al desierto. Repetir Tu Nombre sin cesar en el secreto del corazón, es encontrar el agua viva que perpetuamente refresca el alma.

Texto propio del blog

El es la Roca…

«Escucha, cielo, y hablaré. oiga la tierra las palabras de mi boca. Que mi enseñanza descienda como lluvia y mi palabra caiga como rocío como aguacero sobre la hierba como chaparrones sobre el pasto. Yo voy a proclamar el nombre del Señor: ¡den gloria a nuestro Dios! El es la Roca: su obra es perfecta, todos sus caminos son justos; es un Dios fiel y sin falsedad, justiciero y recto.

Deuteronomio 32, 1-4

Pero la parte del Señor es su pueblo. La porción de su herencia es Jacob. Lo encontró en una tierra desierta, en la soledad rugiente de la estepa: lo rodeó y lo cuidó. Lo protegió como a la pupila de sus ojos. Como el águila que impulsa a su nidada. revoloteando sobre sus pichones. así extendió sus alas, lo tomó y lo llevó sobre sus plumas.

Deuteronomio 32, 7-11

Sal de tu tierra…

Dijo Dios a Abraham, es decir al emigrante: “Sal de tu tierra de tu familia y de la casa de tu padre, y ven a la tierra que yo te mostraré, una tierra de la que mana leche y miel”. (Éxodo 3, 8) (Génesis 12, 1)

El exhorta al intelecto que se ha vuelto emigrante…: “Sal de tu percepción sensible, y por cierto, también de las realidades sensibles, en una palabra, sal de todo el mundo visible y ven a la tierra que yo te mostraré”.

Extraído de Filocalía, Tomo IV, pags. 345/6 – Calixto e Ignacio Xanthopoulus

El desierto espiritual

¿Qué es el desierto espiritual?

Es una etapa de despojamiento. Por una parte el abandono progresivo de lo que sobra. En la mente y el cuerpo, en la vida cotidiana. Dejar que crezca la simpleza, lo vacío. Permitir un silencio que es presencia de Dios.

El desierto es apoyarse en lo inmaterial. Descansar en la confianza, darse cuenta del papel de la providencia divina en todo lo que ocurre. Es entregarse al deber que toca haciendo lo mejor, sabiendo que los resultados están en las manos de Dios.

Siembra tu semilla

Así como ignoras cómo llega el aliento vital a los huesos en el seno de la mujer embarazada, así también ignoras la obra de Dios, que hace todas las cosas. Siembra tu semilla por la mañana y no dejes que tu brazo descanse hasta la tarde, porque no sabes si es esto o aquello lo que va a prosperar, o si ambas cosas son igualmente buenas. Eclesiastés 11, 5-6

Biblia de Jerusalén en Vatican.va

El desierto en el carmelo

En el Carmelo por desierto se entienden varias cosas. En primer lugar, el desierto es un espacio geográfico que se caracteriza por ser un lugar apartado, solitario, con frecuencia montes y lugares arriscados, que reúne las cualidades para favorecer una vida de recogimiento y la práctica de la contemplación.

No es una naturaleza salvaje, sino transformada y trabajada por el ermitaño lo que hace que un espacio agreste e inhóspito se convierta en un lugar ameno, en donde se da la comunión; en donde se da la simbiosis entre el hombre, el monje ermitaño y el entorno natural, lo que en buena parte lleva a que el ermitaño viva con y de los propios productos que le ofrece la naturaleza, sin someterla para nada a sobre-explotación.

“El desierto en el Carmelo Descalzo” de Luis Frontela

Lee el texto completo aquí

Levantes de la aurora

Foto es de Grego Polo Gómez

“… Es verdad que hay muchos llamados al desierto y a la soledad en los rumbos de este mundo y de su geografía. Es verdad que existen parajes que favorecen la contemplación y el silencio… Pero, ¿cómo reconocer ese único desierto si no estuviera ya presente en nuestro corazón? ¿Cómo descubrir la soledad y el silencio si no fueran realidades escondidas, anteriores a su existencia y manifestación exterior?

Cuando seguimos y vamos dejando detrás las cargas que dificultan nuestros pasos, cuando vamos liberándonos de tanto equipaje; entonces en la profundidad de la noche se perciben las primeras claridades de la aurora, esos “levantes de la aurora” como decía San Juan de la Cruz…”

Fray Alberto Justo OP en el prólogo a “Dios habla en la Soledad

Hizo brotar agua para ti

“Cuando se multipliquen tus vacadas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todos tus bienes; tu corazón se engría y olvidas a Yahveh tu Dios que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre; que te ha conducido a través de ese desierto grande y terrible entre serpientes abrasadoras y escorpiones: que en un lugar de sed, sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca más dura; que te alimentó en el desierto con el maná, que no habían conocido tus padres, a fin de humillarte y ponerte a prueba para después hacerte feliz.”


Deuteronomio, 8 , 13 – 16- Bíblia Católica Online

Vivir de tu palabra

Acuérdate de todo el camino que Yahvé tu Dios te ha hecho recorrer durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, para probarte y para conocer lo que había en tu corazón: si ibas a guardar sus mandamientos o no.

Te humilló y te hizo pasar hambre, y después te alimentó con el maná que ni tú conocías ni habían conocido tus padres, para hacerte saber que no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahvé.

Deutoronomio 8, 2 – 3

Con gozo sacarás agua…

Con gozo sacarás agua de los manantiales de la salvación. (Isaías 12, 3)

En las altas colinas abriré ríos, y fuentes en la mitad de los llanos; tornaré el desierto en estanques de aguas; y en manaderos de aguas la tierra seca. (Isaías 41, 18)

La llevaré al desierto…

“Yo la voy a enamorar: la llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Os 2,14). Con estas palabras del profeta Oseas, quiero suavizar un poco la hostilidad que evoca la palabra desierto, como lugar improductivo, capaz de tragarnos, hasta hacernos morir. El desierto será lugar de encuentro para el enamoramiento. Y en palabras del Principito, saberlo ver como lugar que esconde un tesoro, un pozo con agua que hace posible la vida. Dice: “Lo que embellece el desierto es que esconde un pozo en alguna parte”.

Cuando se me pidió hablar sobre “La espiritualidad del desierto”, me dije a mi misma: “¿no es, acaso, la experiencia de mi propia historia personal?; el desierto ¿no es también la experiencia que hace la humanidad entera, y cada ser humano en particular? El cristiano, por la resurrección de Cristo, ¿no está llamado a hacer florecer todos los desiertos?; ¿no nos ha colocado Cristo en el nuevo jardín de la redención, más bello y fructífero que el jardín de la creación? Son interrogantes a los que quiero ir respondiendo poco a poco.

Aquí puedes leer el texto completo

El crisol del desierto

Las tinieblas no son densas para ti,
y la noche luciría como el día
(Salmo 138,12)


Para el Eremita la noche es el momento de la máxima cercanía de Dios. La noche da realce al desierto desmaterializando las cosas. Colores y contornos se desdibujan y todo se disuelve en una capa uniforme de sombra azulada en que se pierde la mirada. El ritmo del tiempo parece estar en suspenso; la inmovilidad ha relevado a la sucesión y trae el presentimiento de que la eternidad está a la puerta.

Duerme la tierra en el silencio “mayor”. El firmamento atrae la vista del que vela hacia “los astros que brillan en sus atalayas… Lucen alegres en honor de quien lo hizo” (Baruc 3,34-35). En el umbral de su celda, pronto a responder a la campana de Maitines, el solitario escucha al Salmista: “Los cielos pregonan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 18, 1).

Extracto de: “El Eremitorio, espiritualidad del desierto”, pag. 21 de Dom Esteben Chevevière

A Ti clamamos

“…Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas… Señora Abogada Nuestra…”

¡Refugio mío!

“Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti.” (Salmo 90, 1-2)

Lista de publicaciones

La custodia inteligente

La sutil voz de Dios

Jesús, confío en Ti

Estarse con Dios

Autores de la cultura

Las grandezas de Dios

Regenerar la propia fe

La mejor parte

La verdad de la vida

Custodiar el jardín del mundo

La unión con Dios

El desierto carmelitano

La manifestación del Espíritu

Lazos invisibles

Y vió Dios…

Cuidar la creación

Red de vida

Todo es para el bien…

Lágrimas de gozo

O ignis spiritus paracliti

Un hombre sin doblez

Espiritualidad ecológica

Renunciar a sí mismo

Oración, renuncia y silencio

Tú nos darás la paz

Secretos entre Dios y el alma

¡Ya es de día..!

Hijos y herederos

El sosiego del alma

Los prados del corazón

Tú lo sabes, Señor

Silencio de Dios

El silencio de María

Entregar los temores

El es la roca

Sal de tu tierra

El desierto espiritual

Siembra tu semilla

El desierto en el carmelo

Levantes de la aurora

Hizo brotar agua para ti

Vivir de tu palabra

Con gozo sacarás agua

La llevaré al desierto

El crisol del desierto

A Ti clamamos

El recuerdo de Jesús

¡Refugio mío!

El padre del desierto

El desierto necesario

¡Padre nuestro del cielo!

Espacio de encuentro

¡ Dios te salve !

Clamarás al Señor

Súplica confiada

Yo he vencido al mundo

En la angustia…

Sobre los enfermos pondrán sus manos

Quédate con nosotros

Dad frutos

La cueva y la montaña

Desierto de los Anawim

La puerta estrecha

El mensajero de la paz

Existe algo nuevo

Buscando mis amores

El mosto de granadas gustaremos

Habitaré entre ellos

Inclina tu oído Señor

El Señor del Universo

Bendita sea mi roca

¿Quiénes son los Anawim?

¿Dónde está tu hermano?

¡Poneos en camino!