Un encuentro con Jesucristo a la intemperie
Despojarse de deseos es ir al desierto. Entregar los temores en brazos de Dios para que Él disponga, es ir al desierto. Perdonar las ofensas, ayudar donde se pueda, vivir en el contento, es ir al desierto. Cumplir lo que el deber indica, aceptar lo que no se puede cambiar, permanecer quieto cuanto se pueda, es ir al desierto. Repetir Tu Nombre sin cesar en el secreto del corazón, es encontrar el agua viva que perpetuamente refresca el alma.
Texto propio del blog
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