Haré brotar manantiales

En el desierto, Dios no ha señalado más rutas ni mas sendas que las de la oración (Isaías 43,19). La contemplación halla su fin en sí misma: no es otra cosa que el más subido ejercicio de la caridad, y, la caridad, virtud teologal que tiene a Dios por objeto, carece de finalidad utilitaria para nosotros. Por eso, cuando es auténtica, es inseparable de una santidad verdadera, la cual, a su vez, no es sino la eflorescencia de esa misma caridad vivificando la práctica de todas las virtudes hasta el heroísmo.

Tu desierto entonces se trocará en prado. Por haber sido fiel, El cumplirá sus promesas: “En las alturas peladas, dice Dios, haré brotar manantiales… tornaré el desierto en estanque y la tierra seca en corrientes aguas” (Isaías 41, 18-19). “Exulte el desierto y la tierra árida, regocíjese la soledad y florezca como un narciso… le será dada ‘la hermosura del Carmelo” (Isaías 35). Tu alma sedienta podrá abrevarse en el torrente de las delicias de Dios: Pues brotarán aguas en el desierto y correrán arroyos por la soledad, la tierra quemada se convertirá en estanque, y el país de la sed se convertirá en fuentes (Isaías 35,6-7).

Pags. 48 “El eremitorio” – Capítulo VI: “El monte Carmelo, los caminos de la oración”.

One Comment on “Haré brotar manantiales

  1. Pingback: Lista de publicaciones – Desierto de los anawim

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: