El signo de la presencia

Imagen de: El tiempo

«Durante los tres primeros siglos de la era cristiana, en el período que recibe la denominación historiográfica de antigüedad tardía, la medicina se hallaba cimentada en las intuiciones fundamentales de Hipócrates y de la escuela metódica fundada por Themiston de Laodicea y Tésalo de Trales, a las cuales se le agregaron en el siglo II las prácticas quirúrgicas de Galeno, iniciador por excelencia del pensamiento anatómico. La práctica médica oscilaba entonces entre la especulación teorética, propia de la escuela de Cos, y las teorías características de los metódicos que, por su simplicidad, tuvieron gran suceso en Roma1. Hacia mediados del siglo II a. C., apareció también la escuela empírica fundada por Filino de Cos bajo la influencia del escepticismo de Pirrón de Élide y Timón de Filunte. Se oponían a los dogmáticos buscando las causas inmediatas de los fenómenos y rechazando como inútiles las causas últimas, por considerar que la naturaleza como tal es incomprensible2. Otorgaron valor solamente a los datos de la experiencia y de la observación clínica, rechazando por crueles e inútiles la vivisección y disección de cadáveres humanos3.

El surgimiento del cristianismo que pregonaba el Reino de Dios como núcleo central de su mensaje, aportó al acto médico un nuevo elemento que, si bien se encontraba presente en las tradiciones que remontaban hasta el mismo Asclepio, adquiere en el horizonte cristiano el estatuto de signo (semeíon) de la presencia del Reino de los Cielos en la temporalidad humana. De esta manera, lo que se conoce como milagro irrumpe en la téchne iatriké de la época con características muy diferentes de las de los sueños de incubación de los que invocaban a Asclepio.

El presente trabajo se propone estudiar los milagros de curación tanto en la tradición grecorromana como en la judeocristiana. Seguidamente, se tratará acerca de la interferencia con la figura del médico de la noción de hombre divino (theiós anér) que se proyectaba sobre una práctica médica en que la creencia religiosa, la magia y la técnica propiamente empírica y especulativa estaban unidas sin demarcaciones notorias, hasta que la erradicación de la componente religiosa en el acto médico por parte de la medicina racionalista afectó la integridad de la concepción antropológica sobre la cual debe necesariamente apoyarse una medicina que tenga en cuenta la totalidad del hombre…»

Fragmentos de «Milagros de curación en la tradición médica tardo-antigua»

Juan Carlos Alby

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SANTA FE – ARGENTINA
jcalby@hotmail.com

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