Hizo brotar agua para ti

“Cuando se multipliquen tus vacadas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todos tus bienes; tu corazón se engría y olvidas a Yahveh tu Dios que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre; que te ha conducido a través de ese desierto grande y terrible entre serpientes abrasadoras y escorpiones: que en un lugar de sed, sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca más dura; que te alimentó en el desierto con el maná, que no habían conocido tus padres, a fin de humillarte y ponerte a prueba para después hacerte feliz.”


Deuteronomio, 8 , 13 – 16- Bíblia Católica Online

Vivir de tu palabra

Acuérdate de todo el camino que Yahvé tu Dios te ha hecho recorrer durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, para probarte y para conocer lo que había en tu corazón: si ibas a guardar sus mandamientos o no.

Te humilló y te hizo pasar hambre, y después te alimentó con el maná que ni tú conocías ni habían conocido tus padres, para hacerte saber que no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahvé.

Deutoronomio 8, 2 – 3

Con gozo sacarás agua…

Con gozo sacarás agua de los manantiales de la salvación. (Isaías 12, 3)

En las altas colinas abriré ríos, y fuentes en la mitad de los llanos; tornaré el desierto en estanques de aguas; y en manaderos de aguas la tierra seca. (Isaías 41, 18)

La llevaré al desierto…

“Yo la voy a enamorar: la llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Os 2,14). Con estas palabras del profeta Oseas, quiero suavizar un poco la hostilidad que evoca la palabra desierto, como lugar improductivo, capaz de tragarnos, hasta hacernos morir. El desierto será lugar de encuentro para el enamoramiento. Y en palabras del Principito, saberlo ver como lugar que esconde un tesoro, un pozo con agua que hace posible la vida. Dice: “Lo que embellece el desierto es que esconde un pozo en alguna parte”.

Cuando se me pidió hablar sobre “La espiritualidad del desierto”, me dije a mi misma: “¿no es, acaso, la experiencia de mi propia historia personal?; el desierto ¿no es también la experiencia que hace la humanidad entera, y cada ser humano en particular? El cristiano, por la resurrección de Cristo, ¿no está llamado a hacer florecer todos los desiertos?; ¿no nos ha colocado Cristo en el nuevo jardín de la redención, más bello y fructífero que el jardín de la creación? Son interrogantes a los que quiero ir respondiendo poco a poco.

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