morir viviendo y vivir muriendo

“Y a los 31 años de mi edad empecé a morir viviendo y a vivir muriendo, una vida tan horrorosa a mi vista, tan amarga, que me horripila mis carnes al escribirlo: Dios entregó mi alma en poder de los demonios; y parece tenían fuerza de mí cuanto les placía. Y esta vida duró hasta la edad de 50 años, esto es, 17 años seguidos, sin un día de luz ni de interrupción. En este tiempo el amor no sólo se extinguió, sino que levantando siempre más sus llamas, llegó a tal exceso que ya no me fue posible soportar más mi situación. Yo amaba con pasión, y, cosa extraña, ni conocía a mi Amada ni esta se relacionaba conmigo” (MR 10,15).

“Perdidas las esperanzas de morir por tu amor, hallándome en la flor de mi edad, no pudiendo soportar la llama del amor que ardía dentro de mi pecho viviendo entre los hombres, me resolví en mi edad viril vivir solitario en los desiertos. Te llamé y no me respondiste, te busqué dentro el seno de los montes, en medio de los bosques, sobre la cima de las peñas solitarias, y no te hallé. En la soledad del monte marchité mi virilidad en busca de ti; (…) ¿Dónde estabas entonces? ¡Ah, estabas tan cerca y yo no lo sabía, estabas dentro de mí mismo y yo te buscaba tan lejos! ¿Por qué no te hicisteis visible?” (MR 22, 16).

Del Beato Francisco Palau i Quer (OCD)

Y fui al claustro

“A los 21 años de edad, al desprenderse el corazón de los objetos extraños al verdadero amor, al dejar las cosas que no merecen los afectos del corazón, me hallé en una situación horrible: impulsado por el amor buscaba mi cosa Amada en Dios: más ¡Ay!, yo no la conocía, y ella no se revelaba. No obstante, la pasión del amor no estaba en mí ociosa, sino que crecía de año en año hasta devorar el corazón” (MR 10,14).

“Y fui al claustro, por si acaso allí te encontrara. Yo, aunque muy a oscuras, te buscaba a ti: estaba persuadido de que sólo una belleza infinita podía saciar y calmar los ardores de mi corazón. ¡Cuán lejos estaba entonces de creer que fueses lo que eres! La soledad, sin ti, lejos de calmar la pasión del amor, la fomenta: y el claustro ensanchó mi corazón, encendió mayor llama en el amor. Pero no conociéndote sino como se conoce una persona extranjera, mi tormento era sin comparación más cruel en la soledad del claustro que en el bullicio del mundo” (MR 22,14)

B. Francisco Palau i Quer (OCD), Sacerdote (m)

Tomado de su diario Mis Relaciones (MR)

En Francisco Palau veo al hermano eremita, (además de su faceta misionera) con el que comparto mi devoción por la espiritualidad de la CUEVA. Dejó una huella de contemplación y profetismo. A las cuevas, lugares solitarios, se retiraba con relativa frecuencia, como una necesidad de su ser sediento de Agua Viva, de Presencia… Un saludo en Cristo a todos los visitantes del blog Anawim. Rafael Rodríguez Cantero

La oración personal

               77. El cristiano, llamado a orar en común, debe no obstante entrar también en su aposento para orar al Padre en secreto. La práctica de la presencia de Dios, que es una tradición carmelita, encuentra a menudo dificultades en los tiempos modernos. Debemos por tanto hacer esfuerzos por ayudarnos mutuamente a buscar a Dios mediante la oración orgánicamente unida con la vida cotidiana. Del mismo modo, los carmelitas están llamados a una experiencia más profunda de las formas de oración que están más en consonancia con su  propia espiritualidad. Foméntese también entre nosotros la búsqueda de nuevas formas de oración acordes con nuestro carisma.

               78. La formación espiritual deberá ir estrechamente unida con la doctrinal y pastoral y ser impartida de modo que aprendamos por ella a vivir en continuo y familiar trato con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo. Vivamos el misterio pascual y busquemos  a Cristo en nuestra vida diaria, en la activa participación en la Eucaristía y en la Liturgia de las Horas, y asimismo en los hombres, sobre todo en los pobres, en los enfermos, en los niños y en los que no tienen fe. Toda nuestra vida debe tener un profundo sentido religioso con el cual interpretemos los aconteceres nuestros y del ambiente que nos rodea a la luz de Dios. Toda nuestra vida será así profundamente contemplativa y sabrá ver cuanto nos acaezca como con los ojos de Dios.

Extraído de “Las constituciones Carmelitas”

Yo cuento con DIos

Si yo contase conmigo mismo, mis deseos serían insensatos, pero yo cuento con Dios, que nos ha dicho: «Si alguno quiere servirme, que me siga», que frecuentemente ha repetido también esta frase: «Seguidme»; que nos ha dicho: «Amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos…, haced a los demás lo que quisierais que os hiciesen…» No me es posible practicar el precepto de la caridad fraterna sin consagrar mi vida a hacer todo el bien posible a estos hermanos de Jesús, a quienes todo falta, puesto que Jesús les falta…

Amemos a Jesús, perdámonos delante del Santísimo Sacramento: allí está el Todo, lo Infinito, Dios…; comprendamos el abismo que existe entre el Creador y la criatura: es el Todo al lado de la nada. Mientras que Jesús quiere embriagarnos de delicias por su presencia, su pensamiento, su contemplación continua, no nos metamos en la basura de las cosas pasajeras…

Escritos espirituales de Charles de Foucauld