O ignis spiritus Paracliti

Oh! fuego, Espíritu Paráclito,
vida de la vida de toda criatura.
Santo eres, Tú que das vida a lo inerte.

Santo eres Tú, que unges a los heridos de muerte,
santo eres Tú, que purificas las llagas supurantes.

Oh! espejo de santidad, o fuego de amor,
o dulce sabor en las almas;
Tú que infundes a los corazones
la fragancia de las virtudes.

Oh! fuente purísima, que nos revela
cómo Dios congrega a los errantes
y busca a los extraviados.

Oh! potente camino que lo atraviesa todo:
en las alturas, en la tierra y en cada abismo.
Tú creas y unificas todo.

De ti emergen las nubes y se alzan los cielos,
las rocas destilan humedad,
los manantiales desbordan en torrentes,
la tierra hace germinar su verdor.

A todo tiempo Tú suscitas hombres doctos,
deleitados por las inspiraciones de Tú sabiduría.

Y por ello, gloria a Tí, que eres el son de toda alabanza,
Tú, la alegría de la vida; esperanza e inmenso honor nuestro,
Tú, que otorgas los dones de la luz.

Santa Hildegarda von Bingen.

Un hombre sin doblez

Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret”. Natanael le preguntó: “¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?”. “Ven y verás”, le dijo Felipe. Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: “Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”. “¿De dónde me conoces?”, le preguntó Natanael. Jesús le respondió: “Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”.Natanael le respondió: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”.


Jesús continuó: “Porque te dije: ‘Te vi debajo de la higuera’, crees . Verás cosas más grandes todavía”. Y agregó: “Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.” Evangelio según San Juan 1,45-51

Espiritualidad ecológica

Por otra parte, san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad: «A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor» (Sb 13,5), y «su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de sus obras desde la creación del mundo» (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza. El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza.

Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo y rico camino, y ha generado numerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientización. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretas a la crisis ambiental suelen ser frustrados no sólo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aun entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva. Como dijeron los Obispos de Sudáfrica, «se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios».

Extraído de “Laudato Si” del Papa Francisco

Renunciar a sí mismo

Jesús dijo a sus discípulos:
“El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”. Después dijo a todos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

San Lucas 9, 22-25

“Es mejor llevar una pequeña cruz de paja que me han puesto sobre las espaldas, sin que yo la haya elegido, que ir a cortar en el bosque con mucho trabajo una más grande, llevándola luego con gran pena. Seré más agradable a Dios con la cruz de paja, que con la que yo me haya fabricado con sudor y penas. Aunque .esta cruz la porte con más satisfacción debido al amor propio, al que gustan tanto sus invenciones y poco le agrada dejarse simplemente conducir y gobernar”.

Comentario al evangelio de hoy por San Francisco de Sales en “Conversaciones”