Levantes de la aurora

Foto es de Grego Polo Gómez

«… Es verdad que hay muchos llamados al desierto y a la soledad en los rumbos de este mundo y de su geografía. Es verdad que existen parajes que favorecen la contemplación y el silencio… Pero, ¿cómo reconocer ese único desierto si no estuviera ya presente en nuestro corazón? ¿Cómo descubrir la soledad y el silencio si no fueran realidades escondidas, anteriores a su existencia y manifestación exterior?

Cuando seguimos y vamos dejando detrás las cargas que dificultan nuestros pasos, cuando vamos liberándonos de tanto equipaje; entonces en la profundidad de la noche se perciben las primeras claridades de la aurora, esos “levantes de la aurora” como decía San Juan de la Cruz…»

Fray Alberto Justo OP en el prólogo a «Dios habla en la Soledad«

Hizo brotar agua para ti

«Cuando se multipliquen tus vacadas y tus ovejas, cuando tengas plata y oro en abundancia y se acrecienten todos tus bienes; tu corazón se engría y olvidas a Yahveh tu Dios que te sacó del país de Egipto, de la casa de servidumbre; que te ha conducido a través de ese desierto grande y terrible entre serpientes abrasadoras y escorpiones: que en un lugar de sed, sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca más dura; que te alimentó en el desierto con el maná, que no habían conocido tus padres, a fin de humillarte y ponerte a prueba para después hacerte feliz.»


Deuteronomio, 8 , 13 – 16- Bíblia Católica Online

Vivir de tu palabra

Acuérdate de todo el camino que Yahvé tu Dios te ha hecho recorrer durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, para probarte y para conocer lo que había en tu corazón: si ibas a guardar sus mandamientos o no.

Te humilló y te hizo pasar hambre, y después te alimentó con el maná que ni tú conocías ni habían conocido tus padres, para hacerte saber que no sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Yahvé.

Deutoronomio 8, 2 – 3

Con gozo sacarás agua…

Con gozo sacarás agua de los manantiales de la salvación. (Isaías 12, 3)

En las altas colinas abriré ríos, y fuentes en la mitad de los llanos; tornaré el desierto en estanques de aguas; y en manaderos de aguas la tierra seca. (Isaías 41, 18)

La llevaré al desierto…

“Yo la voy a enamorar: la llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Os 2,14). Con estas palabras del profeta Oseas, quiero suavizar un poco la hostilidad que evoca la palabra desierto, como lugar improductivo, capaz de tragarnos, hasta hacernos morir. El desierto será lugar de encuentro para el enamoramiento. Y en palabras del Principito, saberlo ver como lugar que esconde un tesoro, un pozo con agua que hace posible la vida. Dice: “Lo que embellece el desierto es que esconde un pozo en alguna parte”.

Cuando se me pidió hablar sobre “La espiritualidad del desierto”, me dije a mi misma: “¿no es, acaso, la experiencia de mi propia historia personal?; el desierto ¿no es también la experiencia que hace la humanidad entera, y cada ser humano en particular? El cristiano, por la resurrección de Cristo, ¿no está llamado a hacer florecer todos los desiertos?; ¿no nos ha colocado Cristo en el nuevo jardín de la redención, más bello y fructífero que el jardín de la creación? Son interrogantes a los que quiero ir respondiendo poco a poco.

Aquí puedes leer el texto completo

El crisol del desierto

Las tinieblas no son densas para ti,
y la noche luciría como el día
(Salmo 138,12)


Para el Eremita la noche es el momento de la máxima cercanía de Dios. La noche da realce al desierto desmaterializando las cosas. Colores y contornos se desdibujan y todo se disuelve en una capa uniforme de sombra azulada en que se pierde la mirada. El ritmo del tiempo parece estar en suspenso; la inmovilidad ha relevado a la sucesión y trae el presentimiento de que la eternidad está a la puerta.

Duerme la tierra en el silencio “mayor”. El firmamento atrae la vista del que vela hacia “los astros que brillan en sus atalayas… Lucen alegres en honor de quien lo hizo” (Baruc 3,34-35). En el umbral de su celda, pronto a responder a la campana de Maitines, el solitario escucha al Salmista: “Los cielos pregonan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 18, 1).

Extracto de: «El Eremitorio, espiritualidad del desierto», pag. 21 de Dom Esteben Chevevière

Tiempo de gracia

Hay que atravesar el desierto y permanecer en él para acoger la gracia de Dios. Es aquí donde uno se vacía de sí mismo, donde uno echa de sí lo que no es de Dios y donde se vacía esta pequeña casa de nuestra alma para dejar todo el lugar para Dios solo. Los hebreos pasaron por el desierto, Moisés vivió en el desierto antes de recibir su misión, san Pablo, san Juan Crisóstomo se prepararon en el desierto.

Es un tiempo de gracia, un período por el cual tiene que pasar todo el mundo que quiera dar fruto. Hace falta este silencio, este recogimiento, este olvido de todo lo creado, en medio del cual Dios establece su reino y forma en el alma el espíritu interior: la vida íntima con Dios, la conversión del alma con Dios en la fe, la esperanza y la caridad. Más tarde el alma dará frutos exactamente en la medida en que el hombre interior se haya ido formando en ella.

Sólo se puede dar lo que uno tiene y es en la soledad, en esta vida solo con Dios solo, en el recogimiento profundo del alma donde olvida todo para vivir únicamente en unión con Dios, que Dios se da todo entero a aquel que se da también sin reserva.

¡Date enteramente a Dios solo y Él se dará todo entero a ti! 
(Beato Carlos de Foucauld, Carta al Padre Jerónimo, 19-V-1898).

Página desde la cual se extrajo el fragmento:

Contemplativos

A Ti clamamos

«…Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas… Señora Abogada Nuestra…»

El recuerdo de Jesús

Un hermano preguntaba a un anciano: 《¿Qué clase de pensamientos debo tener en el corazón?》. El anciano le respondió: 《Todo lo que puede pensar el hombre, desde el cielo hasta la tierra, es vanidad. Aquel que persevera en el recuerdo de Jesús, ese está en la verdad》. (Tomado de Filocalia)

¡Refugio mío!

«Tú que habitas al amparo del Altísimo, que vives a la sombra del Omnipotente, di al Señor: Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti.» (Salmo 90, 1-2)

«El Padre del desierto»

«Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres». Sigue leyendo…

Enlace original:

Religión digital

El desierto necesario

Es necesario pasar por el desierto y vivir en él para recibir la gracia de Dios; allí es donde nos vaciamos, donde arrojamos de nosotros todo cuanto no es Dios… Es un tiempo de gracia, un periodo por el cual necesariamente ha de pasar el alma que quiere producir frutos. Necesita ese silencio, ese recogimiento, ese olvido de todo lo creado, en medio de los cuales establece Dios su reino y por el cual forma en ella el espíritu interior. (Charles de Foucauld)

Padre nuestro del cielo

EN EL SERMÓN DE LA MONTAÑA: «No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que se lo pidáis. Vosotros rezad así: Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre…(Mt 6, 7-15)

Espacio de encuentro

El desierto no sólo acoge y brinda hospitalidad, nos coloca desnudos ante nosotros mismos, ante Dios y ante los demás. Es un espacio de encuentro, no de huida, aunque a veces algunos hayan huido a él o por miedo o por no aceptar sus propias responsabilidades en el mundo.

¡ Dios te salve !

«…Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas… Señora Abogada Nuestra…»

CLAMARÁS AL SEÑOR

«Entonces clamarás al Señor y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy» (Is 58, 7-10)

«Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo» (Mt 5, 13-16)

Súplica confiada

«Sé tú, Señor, la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve.» (Salmo 30. Súplica confiada de un anawim afligido)

Yo he vencido al mundo

«En el mundo encontraréis dificultades y tendréis que sufrir, pero tened ánimo, yo he vencido al mundo». (Juan 16, 33)

En la angustia…



En la angustia clamé al Señor;
él me atendió y me dió respiro.

Sobre los enfermos pondrán sus manos

«…impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos» (Mc 16, 18)

¡PONEOS en camino!

Lucas 10, 1-9

Quédate con nosotros

«Quédate con nosotros, porque es tarde y está anocheciendo. Y entró para quedarse con ellos» (Lc 24, 29)

¿DÓNDE está tu hermano?

¿Dónde está tu hermano? «La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra?» (Génesis 4, 10

«La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra?» (Génesis 4, 10)

¿Quiénes son los Anawim?

¿Quiénes son los anawim?
«Estos son los que no nacen por vía de generación humana, ni porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios» Jn 1, 13.

«María dijo: -Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra» Lc 1, 38

bendita sea mi roca

«Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador: Te daré gracias entre las naciones, Señor, y tañeré en honor de tu nombre.» Salmo 17

« – Es Juan, a quien yo decapité, que ha resucitado.» Mc 6, 14-29

El Señor del Universo

«Tú eres rey y soberano de todo; de ti viene la riqueza y la gloria.

Tú eres Señor del universo, en tu mano está el poder y la fuerza, tú engrandeces y confortas a todos.» 1 Cor 29, 10-12
«Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Mc 6, 7-13

INCLINA TU OÍDO, SEÑOR

…permanece en la ermita interior, al abrigo de la oración de Jesús…

«Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado; protégeme mi vida, que soy un fiel tuyo; salva a tu siervo, que confía en tí» (Salmo 85, 1-2)

«…No temas; basta que tengas fe» (Mc 5, 36)

habitaré entre ellos

«Me harán un santuario y habitaré entre ellos» (Ex 25, 8)

«Jesús se acercó y se puso a caminar con ellos» (Jn 13, 15)

El mosto de granadas gustaremos

…permanece en la ermita interior, al abrigo de la oración de Jesús…

«Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.»
(Cántico espiritual. San Juan de la Cruz)

Buscando mis amores

«Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras» Cántico espiritual. (San Juan de la Cruz)

existe algo nuevo

«Existe algo nuevo: ya está en marcha; ¿No lo reconocéis?». (Is, 43, 19)

El Mensajero de la paz

¡Que hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es Rey»! (Is 52, 7-10)

La puerta estrecha

«Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan» Mateo 7, 13-14.

Desierto de Los Anawim

«Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8, 20) «Dad frutos que prueben vuestra conversión» (Mt 3, 8)

El «Desierto de los anawim» es un programa de espiritualidad ecológica, inspirado en la carta encíclica «Laudato Si» del Santo Padre Francisco. Promueve una conversión ecológica desde un ámbito local en las sierras subbéticas de la provincia de Córdoba, España, geoparque por la Unesco. Trata de recrear con los ojos de la fe aquellos espacios naturales que quedaron marcados por las huellas de Jesús de Nazaret. Un lugar donde encontrar la fuente, la flor, el monte, la cueva, el torrente, el desierto, la lluvia, el silencio, la soledad, la brisa ligera. Un monasterio sin paredes. Dios en la intemperie. Un recorrido por tierras de eremitas, según la documentación existente. Una propuesta de espiritualidad carmelita, imitando al profeta Elías.

“Tarde o temprano se descubre en la vida una “apertura”, un deseo de amplitud y de libertad que no se satisface adecuadamente en este mundo. Es un impulso interior, una llama encendida, que empuja hacia más allá y descubre en el alma la vocación a la trascendencia.”

Descarga aquí el texto completo

La Cueva y la montaña

“Por aquellos días, María se puso en camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá” (Lc 1, 39)

“Cuando Elías llegó al monte, entró en una gruta y pasó allí la noche. El Señor le dirigió su palabra: -¿Qué haces aquí, Elías?” (1 Re 19, 9)

“Pero él se retiraba a lugares solitarios para orar” (Lc 5, 16)

“Por aquellos días, Jesús se retiró al monte para orar y pasó la noche orando a Dios” (Lc 6, 12)

Lista de publicaciones

Un recurso crítico

El bienestar espiritual y la salud

La verdadera oración

Todo es un milagro

Dirigir el corazón a Dios

Significado y salud

La plena curación

La salud de la espiritualidad

Orientar hacia la oración

Recuperación y valentía

La fortaleza de la esperanza

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La revelación del amor

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En el sosiego esta la fuerza

Un lugar de gran silencio

Mansedumbre ante Dios

Dispuestos a confiar

El camino de Cristo invisible

Abandonar al hombre viejo

El lugar de lo esencial

¡ Lleva mi alma..!

El libro abierto de las almas

Ecología del corazón

Delicia para las almas

De pura providencia

El crisol del alma

Lo que mi alma anhela

El poder del Altísimo

Necesidad del Espíritu Santo

La plenitud de Cristo

Tu espíritu en la creación

Voces del desierto

No vacilemos

Una disposición del corazón

Un corazón puro

Un mundo más luminoso

Amar Sus designios

El Horeb del corazón

El desierto espiritual

Lugar de Libertad

Renacer desde lo alto

Las alegrías más lúcidas y amargas de la soledad

Desierto y mirada purificada

Muerte, ¿Dónde está tu poder?

El sacramento universal

La gracia del estupor

Los modos de Dios

Escuchar a Cristo

La Kenósis

Invocaré al Señor

El sol de justicia

La sombra protectora

El desierto de lo necesario

La Nueva Jerusalén

Necesitados de Dios

La presencia interior

La vocación del hombre

Acto de misericordia

El espíritu del yermo

Forastero en tierra extraña

El desierto en el mundo

Vaciarse de Sí mismo

Total disponibilidad

Eres tú magnífico en las alturas

Haré brotar manantiales

Una exigencia del corazón

Amigo de Dios

Profunda renovación

Obediente al llamado

Las huellas de Dios

Un gran padre espiritual

El Monte de Dios

La perfecta unión

La fuente de la alegría

¡Feliz la que ha creído!

El pobre entre los pobres

Actuar desde el Espíritu

La cualidad de lo sagrado

Lugares sagrados

Hijos de la luz

Tenías tu mano sobre mí

La huella de Dios

La recuperación del paraíso

Jesucristo Rey del Universo

Vamos a la casa del Señor

Descanso en Dios

Espejo de las virtudes

Quédate de pie, ante Mí, en la montaña

Mi cosa amada

Morir viviendo y vivir muriendo

Y fui al claustro

La oración personal

Yo cuento con Dios

Al amparo del Altísimo

Nuevos estilos de vida

Simples peregrinos

La custodia inteligente

La sutil voz de Dios

Jesús, confío en Ti

Estarse con Dios

Autores de la cultura

Las grandezas de Dios

Regenerar la propia fe

La mejor parte

La verdad de la vida

Custodiar el jardín del mundo

La unión con Dios

El desierto carmelitano

La manifestación del Espíritu

Lazos invisibles

Y vió Dios…

Cuidar la creación

Red de vida

Todo es para el bien…

Lágrimas de gozo

O ignis spiritus paracliti

Un hombre sin doblez

Espiritualidad ecológica

Renunciar a sí mismo

Oración, renuncia y silencio

Tú nos darás la paz

Secretos entre Dios y el alma

¡Ya es de día..!

Hijos y herederos

El sosiego del alma

Los prados del corazón

Tú lo sabes, Señor

Silencio de Dios

El silencio de María

Entregar los temores

El es la roca

Sal de tu tierra

El desierto espiritual

Siembra tu semilla

El desierto en el carmelo

Levantes de la aurora

Hizo brotar agua para ti

Vivir de tu palabra

Con gozo sacarás agua

La llevaré al desierto

El crisol del desierto

A Ti clamamos

El recuerdo de Jesús

¡Refugio mío!

El padre del desierto

El desierto necesario

¡Padre nuestro del cielo!

Espacio de encuentro

¡ Dios te salve !

Clamarás al Señor

Súplica confiada

Yo he vencido al mundo

En la angustia…

Sobre los enfermos pondrán sus manos

Quédate con nosotros

Dad frutos

La cueva y la montaña

Desierto de los Anawim

La puerta estrecha

El mensajero de la paz

Existe algo nuevo

Buscando mis amores

El mosto de granadas gustaremos

Habitaré entre ellos

Inclina tu oído Señor

El Señor del Universo

Bendita sea mi roca

¿Quiénes son los Anawim?

¿Dónde está tu hermano?

¡Poneos en camino!

dad frutos

«Dad frutos que prueben vuestra conversión»

(Mateo 3, 8)

Hoy, 2 febrero de 2020, fiesta de la Presentación del Señor Jesucristo en el Templo, y Purificación de la Virgen tras el parto, Virgen de la Candelaria, anunciamos a todas las naciones, con la fuerza y la voz de los profetas, la presentación del «Desierto de los anawim», en las sierras subbéticas de la provincia de Córdoba, España.